Hay zapatillas que pertenecen a una temporada y otras que terminan formando parte de la cultura. La PUMA Suedepertenece a la segunda categoría. Su historia atraviesa décadas, escenas y generaciones, desde el deporte hasta la música y las calles, construyendo un legado que hoy vuelve a ponerse en movimiento con Suede Studio, una experiencia creada para explorar su pasado, su presente y todo lo que todavía puede inspirar.
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La historia de Suede no empezó en la moda. Su recorrido tiene raíces deportivas y una evolución que fue sumando nuevos capítulos con el tiempo. Antes de convertirse en Suede, la silueta pasó por nombres como Crack y Clyde: nació vinculada a los Juegos Olímpicos de 1968, encontró una nueva identidad a través de Walt Frazier y, más tarde, fue adoptada por comunidades vinculadas al hip-hop, los B-boys y el skate en Nueva York. Esa capacidad de mutar sin perder su esencia es, justamente, parte de su atractivo.
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En Buenos Aires, esa historia toma una forma más contemporánea. En el marco de Never Not Suede, PUMA abrió las puertas de Suede Studio como un punto de encuentro alrededor de la silueta. El espacio propone mirar el archivo desde distintos lenguajes: charlas, styling, cultura sneaker, arte, música y colaboraciones se cruzan para contar una historia que ya no pertenece solamente a una marca, sino también a las comunidades que la hicieron propia.
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La apertura reunió a figuras como Morena Beltrán, Cande Vetrano, Zuzu Coudeu y Andrés Gil, mientras que la artista Mila Moura intervino el espacio con un mural interactivo y Acitx sumó música en vivo. Durante el 15 y 16 de agosto, el público también puede encontrarse con The SNKR Archive, Styling Sessions y Collabs & Evolution, además de intervenciones artísticas y DJ sets.
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Más que mirar hacia atrás, Suede Studio propone entender por qué ciertos objetos consiguen permanecer. Una silueta puede cambiar de contexto, pasar de una cancha a una calle o de un archivo a una nueva generación, pero conservar algo reconocible en el camino. Quizás ese sea el verdadero lujo de un ícono: seguir teniendo algo para decir, incluso después de casi seis décadas.