Citas sin plata; romanticismo en crisis global

La situación económica global está redefiniendo la forma en que nos vinculamos afectivamente. En un contexto donde salir a cenar o tomar algo puede costar lo mismo que una semana de compras, el dating se convierte en un privilegio más que en una rutina. Según datos recientes, el estadounidense promedio gasta más de $2.200 dólares al año en citas, lo que equivale a unos $168 por encuentro. Este dato, además de alarmante, muestra cómo el amor también se ve alcanzado por la inflación.

Con la suba del costo de vida, los ajustes presupuestarios afectan incluso a la manera de conocer a alguien nuevo. Las personas están saliendo menos, eligiendo citas más económicas o adaptando sus planes a presupuestos reducidos. Lejos de los restaurantes caros o los bares de moda, emergen alternativas como picnics, caminatas, ferias, casas prestadas o incluso juegos de mesa en casa. Se valora lo íntimo, lo accesible y lo auténtico, dejando atrás lo ostentoso.

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Esto no significa una pérdida de calidad en los vínculos, sino un cambio de perspectiva. La crisis empuja a priorizar el tiempo compartido antes que el gasto invertido, abriendo paso a formas más simples y profundas de conexión. En redes sociales, se multiplican los posteos con ideas de “cheap dates” que no resignan creatividad ni afecto. Es una revolución silenciosa que interpela cómo nos relacionamos cuando el consumo ya no puede ser el centro.

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En paralelo, surge una tensión entre necesidad y deseo: no todos se sienten cómodos con las citas low cost, especialmente cuando no son una elección sino una obligación. Aun así, más personas están entendiendo que el vínculo no depende de lo que se gaste, sino de cómo se construye. La inflación redefinió el amor moderno, y aunque duele el bolsillo, quizás sane un poco el corazón.

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