Hubo un tiempo en que las vacaciones eran sinónimo de aeropuertos, fotos al sol y una agenda llena de planes. Hoy, para muchos millennials, el verdadero viaje es otro: volver al cuerpo, al silencio y a una cama que no suena a notificaciones. Dormir sin culpa, sin alarmas y sin mails urgentes se convirtió en una fantasía más deseada que cualquier destino exótico.
Las sleepcations no son una moda rara, son una respuesta. A jornadas infinitas, a la hiperconectividad, al cansancio que se acumula incluso cuando no nos movemos. Blackout, pijama suave y el teléfono en modo avión son ahora el nuevo ritual de lujo. No se trata de pereza: se trata de sobrevivir a una cultura que nunca apaga.
..


Paradójicamente, incluso quienes tienen tiempo y dinero están agotados. El burnout ya no distingue profesiones ni salarios. La mente siempre encendida y el cuerpo en tensión constante hacen que el descanso profundo sea algo cada vez más difícil de alcanzar. Por eso, dormir se volvió aspiracional. No como escape, sino como una forma de autocuidado radical.
..


…
Tal vez esta generación no quiere más cosas, sino más energía. Más claridad. Más espacio interno. Elegir dormir, hoy, es elegir estar bien. Y en un mundo que exige presencia permanente, cerrar los ojos puede ser el acto más consciente de todos.