Cinco prácticas orientales que todo cuerpo necesita

El bienestar no solo se mide en cómo nos sentimos, sino también en cómo nos vemos reflejados frente al espejo. Desde Shanghái llegan rituales que combinan tradición ancestral y sofisticación estética, donde la belleza se entiende como un equilibrio entre cuerpo, piel y energía interna. Se trata de prácticas que invitan a reconectar con uno mismo, pero también a redescubrir esa luminosidad natural que surge cuando la rutina se convierte en un gesto consciente.

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Lejos de las tendencias efímeras, estos rituales rescatan lo esencial: cuidar la piel desde la circulación, liberar tensiones que se reflejan en el rostro y devolverle al cuerpo su ritmo natural. El enfoque está puesto en que cada gesto, masaje o infusión se convierta en una pequeña ceremonia diaria, capaz de transformar no solo la apariencia, sino también la forma en la que habitamos nuestro propio cuerpo.

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Entre los favoritos aparecen técnicas como el Gua Sha, conocido por esculpir y desinflamar el rostro a través del masaje con piedras minerales; el Ba Guan, o cupping, que estimula la circulación con suaves succiones; y el Tuina, un masaje terapéutico que no solo relaja músculos, sino que ayuda a equilibrar la energía vital. A estos se suman la acupuntura facial y las infusiones herbales, que potencian la vitalidad desde adentro hacia afuera.

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Al final, no se trata únicamente de sumar pasos a la rutina de cuidado, sino de darle un nuevo sentido. Estos rituales de bienestar nos recuerdan que la belleza es un reflejo de la armonía interna y que, a veces, lo más innovador está en mirar hacia atrás y rescatar lo que lleva siglos transformando la vida de las personas.

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